La actualización del talento

En los libros sobre gestión del talento, se da gran importancia a la atracción y conservación del talento dentro de una empresa. En esta entrada voy a comentar algo previo: cómo puede una persona mantener vivo, actual, operativo su talento. Creo que hay que distinguir entre “capacidad” y “talento”, que es la capacidad ejercida, y, por lo tanto, dinámica y cambiante. Surge en interacción con la realidad y, por lo tanto, debe cambiar si la realidad cambia. Está pues, sometida a los avatares del tiempo. Joseph Renzulli, uno de los grandes especialistas mundiales en este campo, diferencia también la “inteligencia potencial” de la “inteligencia realizada”, y considera que la educación es el camino para pasar de una a otra.

Una persona puede demostrar un gran talento en una situación y resultar desbordada por otra. El presidente Johnson de Estados Unidos era considerado un político extraordinariamente capaz en la gestión parlamentaria, pero no supo enfrentarse a un acontecimiento tan complejo como fue la guerra del Vietnam. Allan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de EEUU, fue considerado durante mucho tiempo la persona mas competente para manejar los mercados monetarios. Sin embargo, cuando surgió la crisis financiera del 2008 confesó: “No entiendo lo que ha pasado”. Su talento había declinado. Winston Churchill fue el gran líder inglés durante la guerra, pero perdió las elecciones posteriores a la victoria, posiblemente porque los ciudadanos pensaron que su talento no se adecuaba a las nuevas circunstancias. En un entorno VUCA, cada vez más acelerado, la actualización del talento se hace imprescindible, porque corremos el peligro de intentar resolver problemas nuevos con métodos viejos.

El talento, precisamente por su carácter dinámico, ha de incluir su propio sistema de actualización ( renovación, regeneración, reseteamiento, o cualquier otra palabra que comience por “re”). Henry Kissinger dice en sus memorias que ningún presidente de EEUU aprende nada durante su mandato. Es evidente el gran peligro que esto supone, y también son evidentes las causas. El cerebro humano tiende a automatizar los comportamientos, es decir, a hacerlos rutinarios. Los modos de pensar se vuelven rígidos, y podemos acabar captando solo aquellas cosas que confirman nuestro punto de vista. Así adquieren su poder los prejuicios. Además, la mente humana produce sutiles y demoledores sistemas de autodefensa, que filtran o distorsionan nuestro contacto con la realidad.

¿Cuáles deben ser esas “destrezas actualizadoras” propias del talento? En primer lugar, el afán de aprender continuamente, y un proyecto personal para hacerlo. Hace años, Bill Gates tenía una sección en el New York Times, a través de la cual los lectores podían hacerle consultas. En una ocasión, un adolescente le preguntó que si leer era tan importante como decían sus profesores. Gates dijo que sí, y se puso como ejemplo: ”Todas las semanas me obligo a leer un magazine (Time, Newsweek o similares) de la primera a la última página. Lo hago porque si me dejara llevar de mis aficiones sólo leería las páginas de ciencia y tecnología, y eso limitaría mi visión de las cosas”. Era un método evidentemente ingenuo, pero un método al fin y al cabo. Lo que hizo a Picasso un artista tan especial es que no dejó de aprender en ningún momento de su vida. Paso del postimpresionismo de su adolescencia, a los periodos azul, colosalista, cubista, y expresionista abstracto. Amplió todo lo que pudo su medios expresivos.. Les recomiendo que lean las cartas de van Gogh a su hermano Theo, porque en ellas verán a un genio aprendiendo a serlo.

Hay un segundo factor de actualización, también esencial, al que los psicólogos dan cada vez mayor importancia. Se trata de la metacognición. Esta extraña palabra designa la actividad de pensar sobre el propio pensamiento, sobre la propias emociones, sobre la propia acción. Es pues, una función reflexiva. Sin duda, habrán leído algún sugestivo libro ensalzando la intuición como modo perfecto de tomar decisiones. No contar con ella puede ser paralizante, pero confiar en ella sin someterla a reflexión puede ser suicida. La función de la inteligencia es dirigir bien el comportamiento y para hacerlo debe fomentar ese proceso de supervisión que permite comprender por qué está haciendo lo que está haciendo, o si habría otra manera de solucionar un problema. La capacidad metacognitiva, de reflexión sobre la propia acción es la segunda estrategia de actualización del talento.

Hay una tercera, señalada por Justin Menkes en su interesante libro “La inteligencia Ejecutiva”. El talento debe desplegarse en tres campos: la realización de la tarea, la relación con otras personas, y la evaluación de uno mismo. En este último dominio descubre las siguientes destrezas:

1.- Buscan y alientan la retroalimentación que puede revelar un error de juicio y hacen los ajustes apropiados.
2.- Demuestran una capacidad para reconocer los prejuicios o limitaciones propias, y usan este conocimiento para mejorar sus ideas y sus planes de acción.
3.- Admite cuándo los errores serios en las ideas o acciones propias requieren un reconocimiento público del error y un cambio radical de dirección
4.- Expresan apropiadamente los errores esenciales en los argumentos de los otros, y defienden su posición reiteradamente
5.- Reconocen cuando es apropiado resistirse a los otros y seguir comprometidos con un curso de acción racional.

Estas destrezas pueden incluirse dentro de la rúbrica el pensamiento crítico, que evalúa los propios comportamientos para intentar mejorarlos. En conclusión: la actitud de aprendizaje permanente, la sistemática reflexión metacognitiva y el pensamiento crítico son tres factores esenciales para el mantenimiento del talento.
Hasta aquí hemos hablado del talento individual. A partir de la próxima semana, trataré el talento de las organizaciones.


 Bibliografía

Schools for Talent Development: A practical plan for total school improvement. Joseph S. Renzulli. Creative Learning Press, 1994.

La Inteligencia Ejecutiva: Las cualidades que realmente diferencian a los mejores directivos. Justin Menkes. Empresa Activa, 2006.

 

Compartir