Estas últimas semanas hemos vivido cambios sin precedentes, tanto para la sociedad como para las organizaciones. También podemos decir que las empresas hemos destacado por la agilidad con la que nos hemos adaptado a los desafíos del entorno. Más que nunca, nuestros “QUÉS” y nuestro “CÓMOS” han sido referencia para dejar esa huella que nos distingue y nos hace únicos.

Ahora avanzamos hacia esa “nueva normalidad”, también desconocida, y que requerirá de nosotros tanto o mas que la etapa anterior. En esta nueva fase, hemos de tener la humildad de abrirnos para ver los aprendizajes de estas últimas semanas, y las creencias que fuimos capaces de derribar sin haberlo jamás imaginado. Gracias a ello podremos presentarnos ante este nuevo reto, preparados y convencidos para superarlo.

Han sido casi ocho semanas de resetear nuestra vida, nuestro mindset, nuestros entornos laborales y también familiares. Semanas, en las que nos hemos dado cuenta que el ser humano es más vulnerable de lo que jamás hubiéramos podido imaginar, y que precisamente esa vulnerabilidad es la que nos hace grandes y nos permite crecer y salir fortalecidos como personas y sin duda, como profesionales.  Una etapa donde ha aflorado más humanidad que nunca, dentro y fuera de nuestros hogares y en nuestros entornos virtuales-laborales.

Esa humanidad nos ha ayudado a generar vínculos de otra manera con las personas, nos ha ayudado a comprender el valor de una conversación, de gestionar la incertidumbre propia y la de nuestros equipos, de acompañarnos en un entorno incierto. Ha sido una oportunidad para poner en valor nuestro “valor” para reconocer las propias emociones y compartirlas sin miedo, y tantas otras cosas que solemos “guardar” para no ser vistas.

Probablemente se trate de un periodo donde haya brotado la mejor y también la peor versión de todos nosotros, pero incluso con ello, o gracias a ello, nos hemos dado cuenta de todo lo que somos capaces de ser y dar, cuánto nos queda por aprender, y cuánto necesitamos hacerlo juntos.

En el nuevo ciclo que comenzamos, lo que de nuevo nos distinguirá será nuestro liderazgo responsable y consciente, como personas y profesionales, y la manera de abanderar y liderar nuestro propósito como organización.

Nos enfrentaremos ya no sólo a una crisis sanitaria, también a una crisis económica, de empleo y social. En ese contexto, es ya seguro que las 5 Tendencias del Futuro del Empleo han venido para quedarse, y es crucial poner no solo al Talento, sino a la persona en el centro.

Tal y como explico en mi libro, Organizaciones Nº5, las empresas deberán crear y desarrollar espacios en los que la colaboración, la agilidad, la flexibilidad, la responsabilidad, la ética y la interacción de las partes, permitan co-crear, y den más importancia a los vínculos creados y no a las jerarquías.

El COVID-19 ha sido un acelerador claro de la transformación digital y cultural de nuestras compañías. Solo constatando cómo en un tiempo récord el porcentaje de empleos que se desarrollan en remoto ó por ‘teletrabajo’ ha pasado del 7% al 35%, vemos que se ha reforzado el puente entre Talento y Tecnología. Pero también, ha aflorado especialmente la necesidad de hacer esa transformación humanista tan necesaria para asegurar que las personas quieren liberar su propósito con nosotros, en estos próximos desafíos que ya están aquí. Más que nunca es el momento de ser empresas que ponen a las personas en el centro, de ser empresas Human Age.